jueves, 3 de mayo de 2012

Rastreando la Islamofobia en las Traducciones del Sagrado Corán más Antiguas




Rastreando la Islamofobia en las Traducciones del Sagrado Corán más Antiguas


Por: Dahlia Sabry, profesora de idioma inglés en el Centro de Idiomas y Traducciones de la Academia de Artes en Guiza, Egipto


Traducido por Said Abdunur Pedraza



Puede decirse que las traducciones del Corán son en extremo importantes y muy serias. Su vital importancia reside en el hecho de que representan la fuente principal de información para aquellos —musulmanes y no musulmanes— que no saben árabe y quieren sondear las profundidades del Islam a través de la lectura de su palabra revelada. Ellas son el recurso principal de aquellos que, debido a la barrera del lenguaje, se ven privados de acercarse a su Libro revelado en árabe, y aquellos que tienen curiosidad y quieren familiarizarse con el Islam conociéndolo de primera mano en lugar de simplemente “incorporar opiniones recibidas y actitudes sin el pensamiento individual y la reflexión”, como expresó Thomas Cleary (1993, p. X). Su seriedad radica en el gran papel que desempeñan en la formulación de la opinión de sus receptores respecto al Islam. Sobre el beneficio de la lectura del Corán por parte de los no musulmanes, Cleary (1993) afirma:

“Para los no musulmanes, una ventaja especial al leer el Corán es que les provee un punto de referencia auténtico desde el cual examinar los estereotipos sesgados del Islam a los que los occidentales están habitualmente expuestos. La información primaria es esencial para distinguir entre la opinión y los hechos de forma razonable. Este ejercicio puede permitir también que el pensamiento individual comprenda la naturaleza inherentemente defectuosa del prejuicio en sí
 …” (1993, p. VIII).

Sin embargo, para que el beneficio del que habla Cleary se cumpla, las traducciones deben ser exactas y objetivas. Esto no siempre ha sido el caso, ya que a veces, como señala Hassan Ma’ayergi (1984): “[traducir] los significados del Corán ofrece una oportunidad para distorsionar  y malinterpretar sus significados o para desviar a las minorías musulmanas que viven bajo leyes no musulmanas fuera del texto coránico, y para reconciliarlos con las traducciones [distorsionadas]…” (p. 442).

El hecho de que la difamación del Islam ha ido en aumento en los últimos años puede ser apoyado por muchos. Los medios occidentales han propagado la supuesta afirmación de que el Islam es una religión que cultiva la violencia y promueve el terrorismo. Sin embargo, algunos pueden no ser conscientes de que el inicio de este movimiento está profundamente enraizado en el pasado. Quizás uno de los factores más importantes que difunden gran cantidad de ideas erróneas sobre la religión de los musulmanes, se remonta a las primeras representaciones de los significados del sagrado Corán en lenguas occidentales.

Mofakhar Hussain Khan (1986) señala que el primer intento fue una traducción al latín hecha por Robert de Ketton en 1143, aunque no fue publicada hasta 1543, a petición del abad del monasterio de Cluny. Esta primera traducción al latín fue el  primer incentivo que llevó a otras traducciones a diferentes idiomas como italiano, alemán y francés en 1547, 1616 y 1647 respectivamente (pp. 82-83). Hussein Abdul-Raof  (2001) afirma que “abunda en imprecisiones y malos entendidos, y fue inspirado por intenciones hostiles” (p. 19). En 1698, fue publicada otra traducción latina hecha por Ludovicus Marracci, complementada con citas provenientes de comentaristas del Corán “cuidadosamente yuxtapuestas y suficientemente confusas con el fin de representar al Islam bajo la peor luz posible”, como señala Colin Turner (1997, p. xii). El título del volumen introductorio de dicha traducción, Refutación del Corán, no deja lugar a dudas sobre la intención del traductor.

Ma’ayergi (1984) subraya el papel crucial de estas traducciones en la formación de una imagen negativa sobre el Islam. Él sostiene que “[después] de la primera visión del Islam a través de estas traducciones, los europeos se hicieron muy agresivos en su lucha contra el Islam. Varios ataques fueron lanzados contra la cultura y la herencia islámicas” (p.442). Lo que agrava el problema es que estas traducciones han sido la base de una serie de obras posteriores.

La primera traducción al inglés fue la de Alexander Ross publicada en 1649. No hay una mejor evaluación del tipo de esta obra que la declaración del propio traductor sobre su objetivo en la introducción: “Pensé que era bueno aportarle a sus colores, de modo que al verlo sus enemigos en su totalidad, estarán mejor preparados para confrontar… su Alcorán” (p. A3). Además, el título de su traducción, El Alcorán de Mahoma… ahora en inglés para satisfacción de todo el que desee darle un vistazo a las vanidades turcas, se explica en sí misma, y pone de relieve uno de los errores básicos que prevalecen en occidente, a saber, que el Profeta Muhámmad, la paz sea con él, fue el autor del Corán. En este contexto, vale la pena mencionar que Maurice Bucaille (1986), un eminente cirujano y científico francés que defiende al Corán en su libro La Biblia, el Corán y la Ciencia, declara que algunas traducciones occidentales pretenden deliberadamente traducir de forma errónea la palabra “أمىummei (iletrado), en referencia al Profeta Muhámmad en algunos versículos coránicos, para así ocultar el hecho de que nunca hubiera sido posible que una persona analfabeta fuera el autor del Corán, que abarca acontecimientos históricos que él no presenció, así como hechos científicos meticulosos que fueron descubiertos mucho después de su muerte y que no eran conocidos en la época de la revelación (pp. 94-96). Este hecho sobre el Profeta suele escandalizar a los occidentales siempre que Bucaille se los revela. En 1734, la traducción de Sale fue hecha con base en el tristemente célebre trabajo de Marracci. Luego, en 1861, el trabajo de J. M. Rodwell proporcionó un ejemplo más de un escritor “disparándole al Islam” (Turner, 1997, p. xii).

La amplia circulación de estas primeras e injustas traducciones, predeterminadas en esencia para desacreditar al Islam, llevaron a incorporar hechos distorsionados en la mentalidad occidental que han llegado a ser como axiomas, a pesar de la aparición de algunas pocas traducciones posteriores un poco mejores hechas por no-musulmanes. Bucaille (1981) subraya la existencia de ideas principales inexactas que lavan el cerebro de los occidentales, afirmando que “como la mayoría de la gente en occidente ha sido educada con conceptos falsos respecto al Islam y el Corán, yo mismo fui como estas personas durante gran parte de mi vida”. Agrega:

Mientras crecía, se me enseñó siempre que ‘Mahoma’ fue el autor del Corán; recuerdo haber visto traducciones al francés que llevan esta información. Me han dicho invariablemente que el ‘autor’ del Corán simplemente compiló… historias sagradas tomadas de la Biblia…, al tiempo que propone los principios y normas de la religión que él mismo fundó. Además, en el Seminario Internacional sobre el Islam en París, que se celebró bajo los auspicios de la Organización de la Conferencia Islámica, Bucaille explicó:

Cuando comencé a investigar en profundidad la realidad del Islam, por primera vez comencé a estudiar su escritura, el Corán, y me vi obligado a utilizar traducciones hechas por varios Islamólogos u orientalistas. Por desgracia, el texto bajo estas condiciones no es auto explicativo, y recuerdo haber encontrado en muchas traducciones del mismo párrafo tantas diferencias, que estaba claro que tales interpretaciones eran debidas a los traductores y a sus comentarios, a menudo agregados al texto.

Después de haber adquirido el conocimiento del idioma árabe, lo que me permitió leer el Corán en su texto original, … comprendí el deseo evidente de camuflar o cambiar deliberadamente el significado, evidentemente con el fin de adaptar el texto a un punto de vista personal (p. 10).

Estas traducciones distorsionan la espiritualidad del sagrado Corán y dañan los conceptos del Islam. Infortunadamente, como afirmó Sir Edward Denson Ross (1940) en su introducción a la traducción de George Sales:

Por muchos siglos el conocimiento que la mayoría de los europeos han tenido sobre el mahometismo estaba basado casi enteramente en los reportes distorsionados de cristianos fanáticos que llevaron a la difusión de una gran cantidad de graves calumnias. Lo que era bueno en el mahometismo era ignorado por completo, y lo que no era bueno según los ojos de Europa, era exagerado o malinterpretado (citado en Sales, 1940, p. 7).

La imagen desfavorable propagada por las traducciones occidentales, llevó a los musulmanes a traducir el Corán ellos mismos a pesar de que la legitimidad de tal acción fue sujeto de un acalorado debate por mucho tiempo. Por ello, el siglo XX fue testigo de la publicación de una gran cantidad de traducciones, en su mayoría hechas por musulmanes. El supuesto axiomático es que dichas traducciones deben dar una imagen representativa genuina del espíritu del Islam y una versión exacta de su escritura. Sin embargo, la situación no es tan simple como eso. Con algunas de estas traducciones nuevas, han surgido nuevas complicaciones.

Por una parte, la traducción de Yusuf Ali (1934), a pesar de ser una de las clásicas y la más favorable hasta hace poco, a veces ha sido acusada de lanzar propaganda anticristiana. Por otra parte, Jalil Muhámmad (2005) asegura que escribiendo “en una época en que crecía la animosidad árabe hacia el sionismo y en un ambiente que toleraba el antisemitismo, Yusuf ‘Ali construyó su obra como una polémica contra los judíos.” De la misma forma, la traducción de Muhámmad Taqui Al-Din Al-Hilali y Muhámmad Muhsin Jan (1996), que estaba destinada a sustituir la traducción de Yusuf Ali, “se lee más como una polémica de la supremacía musulmana, el antisemitismo y el anticristianismo, que una interpretación de la escritura islámica” (Mohámmad, 2005). Un ejemplo famoso que se cita a menudo en este sentido es la referencia a los judíos y cristianos que los traductores agregan al séptimo versículo del sura, capítulo, Al-Fátiha (La Apertura). En árabe, este versículo dice:

صراط الذين أنعمت عليهم غير المغضوب عليهم ولا الضالين (الفاتحة: 7)

Hilali y Jan lo representan como:
El Camino de aquellos a quienes has concedido Tu gracia, no (el camino) de quienes han ganado Tu enojo (como los judíos), ni de los extraviados (como los cristianos) [énfasis mío].

Indudablemente, Ali así como Hilali y Jan lograron resolver parte de los problemas de traducciones anteriores. Estando libres de intenciones hostiles, teniendo un dominio mucho mayor del idioma árabe, buscando apegarse lo más posible al texto original, y brindando notas explicativas elaboradas, ellos han brindado un mejor entendimiento del Corán. Sin embargo, el tipo de comentarios que a veces han agregado sobre los judíos y los cristianos, dan la impresión injusta de que el Corán es intolerante con “el otro,” una noción que apoya las afirmaciones que han sido ampliamente divulgadas por occidentales e israelíes últimamente.

Por otro lado, algunas traducciones proyectan puntos de vista sectarios que no son representativos de las creencias comunes de los musulmanes. En primer lugar, en las traducciones chías (es decir, de los chiítas), por ejemplo la de S. V. Mir Ahmad Ali (1964), la preocupación básica es que algunos versículos están traducidos particularmente de acuerdo con las extrañas interpretaciones que los chías imponen en algunos versículos generales, que ellos quieren mostrar como que se refieren particularmente a Ali, el primo y cuñado del Profeta Muhámmad, y su familia, que Dios esté complacido con ellos. Sobre la base de estas interpretaciones, ellos apoyan su tendencia a atribuirle gloria ilimitada a Ali. Por lo tanto, los traductores chías (chiítas) van en contra del entendimiento mayoritario de los versículos en algunos lugares, para así reflejar sus propios sesgos doctrinales en lugar de dar una representación exacta de Escritura de los musulmanes.

En segundo lugar, otras traducciones controversiales son aquellas influenciadas por el racionalismo científico, como la de Ahmad Zidan y Dina Zidan (1979), la de Muhámmad Asad (1980), y la de Ahmad Ali (1984). Ellos rechazan cualquier referencia a milagros mencionados en el Corán y tienden a interpretarlos de manera racional o alegórica. Por ejemplo, mientras los musulmanes creen que Abraham, la paz sea con él, fue salvado del fuego por la gracia de Dios al que fue lanzado por los incrédulos. Asad (1980) sostiene que la referencia en el Corán es “aparentemente una alusión alegórica al fuego de la persecución que Abraham tuvo que sufrir” (p. 496). De manera similar, él cree que el milagro de Jesucristo de hablar en su cuna es “una alusión metafórica a la sabiduría profética con la cual fue inspirado Jesús desde su edad más temprana” (p. 73). Tendencias similares son percibidas en referencia a otros milagros de Cristo, Moisés, Salomón, etc., la paz sea con ellos, en la traducción de Asad y en otras traducciones similares.

Y en tercer lugar, las distorsiones más graves de todas, sin embargo, aparecieron a causa de las traducciones de los miembros de las comunidades Qadiani y Ahmadía de la India. Estas sectas fueron declaradas apóstatas por la mayoría de las instituciones islámicas. Sus traducciones están afectadas con versículos que han sido retorcidos para satisfacer sus propias necesidades corruptas. Ellos divulgan ideas que contradicen las creencias básicas de los musulmanes. Un ejemplo claro es su declaración de que Jesús, la paz sea con él, fue realmente crucificado y no fue elevado vivo por Dios —una idea que se refleja en sus traducciones, como señala Neal Robinson (1997, p. 266). Ellos pretenden apoyar, sobre la base de sus traducciones corruptas, las pretensiones de su líder Mirza Ghulam Ahmad, que afirmaba ser el Mesías Prometido y el Mahdi.

De hecho, la difusión de tales doctrinas que están muy lejos de las creencias comunes de los musulmanes, han hecho mucho daño al Islam. Lamentablemente, en estas obras reposa el mayor peligro —incluso más que en las de los orientalistas. Siendo supuestamente hechas por traductores musulmanes, su distorsión y desvío ondean bajo la bandera del. Sin embargo, como declara el comité traductor del Corán Majestuoso (2000), ellas “contienen a menudo interpretaciones que son excéntricas y especulativas, y no reflejan el entendimiento mayoritario del texto, cosa que la mayoría de lectores debe saber” (VIII). Aparte de las obras mencionadas, algunas traducciones moderadas hechas por musulmanes han aparecido. Sin embargo, se considera crucial para el esclarecimiento de los casos anteriores, subrayar que las traducciones no siempre son una fuente confiable para juzgar al Islam. Todo traductor aporta a su trabajo las creencias, inferencias y doctrinas que son la sustancia de sus sesgos personales, su tendencia ideológica, e incluso sus estrategias e intrigas. Por lo tanto, el único criterio para juzgar es el texto original en árabe. Debe tenerse siempre en cuenta que una traducción, no importa qué tan precisa sea, difícilmente puede ser objetiva.

A finales de la década de 1980, a cuenta de las deficiencias antes mencionadas junto con el fracaso de la mayoría de los traductores bien intencionados de transmitir el significado pretendido sin problemas, fue natural que A. R. Kidawi (1987) declarara: “La Escritura musulmana aún no ha encontrado una expresión digna y fiel en idioma inglés, que coincida con la majestuosidad y grandeza del original.” De modo similar, Abdul Hakim Tabibi (1986) afirmó: “Hasta ahora no hay consenso completo respecto a una traducción satisfactoria. Por lo tanto, los musulmanes se esfuerzan en completar una traducción satisfactoria…” (p. 44). Esto plantea la pregunta: ¿Qué hace satisfactoria a una traducción?

Antes de intentar una respuesta, examinemos brevemente algunas de las traducciones importantes que han aparecido desde ese momento hasta la actualidad. La última década del siglo XX fue testigo de la aparición, entre otras, de las siguientes obras: El Corán: Una Nueva Interpretación de Colin Turner (1997), El Noble Corán: Una Nueva Representación de su Significado en Inglés por Abdelhaq y Aisha Bewley (1999), una nueva edición de El Corán por N. J. Dawud (2000), y El Corán Majestuoso: Una Representación en Inglés de Sus Significados por un comité turco (2000), que es una edición revisada de una obra anterior. Con el cambio de siglo, no hubo señales de disminución en la cascada. De forma similar, una serie de traducciones nuevas aparecieron además de las nuevas ediciones de algunas traducciones disponibles desde el siglo anterior. Entre las más importantes está la última revisión de Hacia un Entendimiento del Siempre Glorioso Corán (2003), de Muhámmad Mahmoud Ghali, publicado originalmente en (1997); El Mensaje: Traducción Literal de la Última Escritura Revelada (2003), hecha por Musulmanes Progresistas, El Corán: Nueva Traducción (2004), de Thomas Cleary; y la edición revisada de El Corán: Nueva Traducción (2005), de M. A. S. Abdel Haleem, publicada originalmente en (1994).

Vale la pena mencionar que en su ensayo “El Sesgo Sectario e Ideológico en las Traducciones Musulmanas del Corán”, Robinson (1997) analiza una serie de cuestiones complementadas con los versículos que pueden ayudar a juzgar la inclinación teológica de los traductores. Probando las nuevas traducciones antes mencionadas a la luz de estas cuestiones, parecen estar libres de la mayoría de las tendencias teológicas que caracterizan a otras traducciones. Este es un buen paso en el camino hacia la presentación de traducciones satisfactorias. Establece un puente sobre una brecha para que podamos enfocar nuestra atención hacia el grado en que se acercan al texto original mientras presentan el significado de forma accesible a los lectores a los que van dirigidas. La revisión de estos ocho trabajos revela que siguen diferentes enfoques en la traducción, como se mostrará a continuación.

Colin Turner es un profesor musulmán de Estudios Islámicos y Persas en la Universidad de Durham. A través de su traducción, publicada por Curzon, aspira a presentar “los significados del Corán en un estilo inglés lúcido y fácil de leer, preservando la integridad del texto original” (p. xvi). El libro contiene tanto el texto en árabe como la traducción al inglés, pero no lado a lado. En su lugar, está dividido en dos partes. Turner translitera los nombres de los suras (capítulos), y no utiliza pies de página ni introducciones para cada sura. Escribe los versículos por separado, cada uno precedido por su número. Sin embargo, se aleja de las traducciones comunes que cuentan la basmalah inician como versículo en cada sura —una característica compartida por los traductores autodenominados “Musulmanes Progresistas,” como mencionaré en su momento. Además, su traducción es única entre las demás traducciones, ya que abarca la interpretación dentro los mismos versículos. Depende de la exégesis textual intitulada Ma’ani al-Quran (Significados del Corán) de Muhámmad Baqir Behbudi y “abre” los versículos para “revelas algunas de las capas de significado expuestas por el profeta…” (p. xvi). Por ejemplo, en versículo 34 de surat Sad:

ولقد فتنا سليمان وألقينا على كرسيه جسدا ثم أناب” (ص، 34)
Que normalmente es traducida por algo como:

Pickthall: Y en verdad probamos a Salomón, y pusimos en su trono un (mero) cuerpo. Luego se arrepintió.
Yusuf Ali: Y probamos a Salomón: Hemos puesto en su trono un cuerpo (sin vida); pero él volvió (a Nosotros con devoción verdadera).

es representado por Turner así:

En verdad probamos a Salomón: en su sueño colocamos una brillante Estrella de David en su trono, y este espectáculo fue tan maravilloso que los hombres, genios y pájaros acudieron a presenciarlo. Salomón pensó que esto era una señal de que su esposa favorita le daría pronto un hijo, y que el hijo alcanzaría parentesco y majestad sin par. Pero el hijo que parió su esposa favorita nació muerto, y cuando pusimos a su bebé sin vida en su trono, Salomón se dio cuenta que interpretó erróneamente el sueño. Y así se volvió a Dios y le pidió perdón. (p. 273)

En una traducción como la de Turner, el lector no puede darse cuenta en modo alguno dónde termina la traducción y dónde comienza la exégesis. El problema es que no satisface las necesidades de los musulmanes que tratan de leer el Corán a través de una traducción debido a la barrera del lenguaje. Tales musulmanes necesitan encontrar una versión de la redacción exacta del original tanto como lo permita el proceso de traducción, en lugar de un comentario con adiciones u omisiones.

En el contexto de este enfoque, Turner impone en el lector en muchos lugares un exceso de adiciones. Por ejemplo, en sura 18 – Al-Kahf (La Cueva) — los versículos coránicos expresan las suposiciones de la gente respecto al número exacto de los jóvenes de la cueva, y no lo especifica a ciencia cierta. Turner, sin embargo, traduce así la segunda parte del versículo 13:


” … إنهم فتية آمنوا بربهم وزدناهم هدى” (الكهف، 13)
como “eran cuatro jóvenes elocuentes” (p. 172).

La traducción de Bewley (1999), publicada por Madinah Press, es la culminación de 25 años de lidiar con “lograr la mejor manera de expresar el significado de sus aleyas en inglés” (p. iii). El libro sólo incluye la traducción al inglés sin el texto árabe. Está básicamente pensado para los musulmanes angloparlantes. Aisha Bewley era originalmente cristiana y se convirtió al Islam en 1968. El objetivo de Aisha y su esposo, que eran traductores prolíficos, era “permitir que el significado del original, en la medida de lo posible, llegara directamente con la menor interferencia lingüística posible de modo que el inglés utilizado no interfiera con la transmisión directa del significado” (p. iii). Por lo tanto, no proporcionan ninguna explicación y casi no utilizan notas al pie. Además, no hay introducción a los suras. Los traductores también prefirieron mantener los términos islámicos, cuya traducción sería engañosa ya que no hay equivalentes exactos en el inglés, de modo que simplemente transliteraron el texto al inglés. Sin embargo, el libro se complementa con un glosario al final que proporciona las definiciones de estos términos. A través de un diseño de página especial y el uso del ritmo, los traductores tratan de ser “fieles al original” manteniendo “al menos una idea de [su] atributo esencial” (p. iv). Ellos numeran los versículos por separado.

Los Bewley parecen tener inclinaciones Sufi pues rinden homenaje a su “guía y maestro” el Shaij ‘Abdalqadir as-Sufi en su prefacio, sin embargo, esto no se refleja de manera obvia en la traducción. Además, a pesar de que no se abstienen, como los Mu’tazlites, de utilizar referencias antropomórficas a Dios en su traducción, aseguran que tales referencias “no deben ser tomadas literalmente como referencias a cualquier tipo de características físicas, sino más bien a un atributo o cualidad indicado por la expresión utilizada” (p. v). Una característica distintiva de esta traducción es que está basada en la lectura del Imam Warsh en lugar de la del Imam Hafs sobre la que se basan la mayoría de las demás traducciones con excepción de la de Musulmanes Progesistas. Debido a las ligeras variaciones entre las lecturas de estos dos imanes, aparecen unas pocas diferencias en las traducciones. Por ejemplo, basados en la lectura “ساحران”, sahiran, en lugar de” سِحران”, sihran, en el versículo 48 de la sura 28 (Al-Qasas, La Historia), la traducción de Bewley y de Musulmanes Progresistas difiere de otras traducciones:

“… قالوا سِحران تظاهرا وقالوا إنا بكل كا فرون” (القصص، 48).
Bewley: Ellos dicen, ‘Dos magos que se respaldan uno al otro.’
Progressive Muslims: Ellos han dicho: “Dos magos que se ayudan mutuamente.”
Abdal Haleem: Ellos dicen, ‘Dos tipos de magia, ayudándose mutuamente,’
Cleary: Ellos han dicho, “dos hechizos que se ayudan entre sí.”
Dawood: Ellos dicen: ‘¡Dos obras de magia que se complementan entre sí!’
Ghali: Ellos dicen, “¡Dos tipos de magia que se respaldan mutuamente!”

La traducción de los Bewley es una de las mejores traducciones. El lenguaje es lúcido y natural. Al mismo tiempo, los traductores son honestos en mantenerse fieles al original. Sin embargo, la falta de notas al pie puede, en algunos casos, hacer que el significado deseado sea inaccesible para el lector. Por ejemplo, el versículo 16, sura 17, ejemplifica el fenómeno común de elipsis en el estilo del Corán. A aquellos “que viven en la comodidad” المترفين se les ordena que se reformen a sí mismos, pero las palabras que expresan esta orden se omiten:

و”إذا أردنا أن نهلك قرية أمرنا مترفيها ففسقوا فيها، فحق عليها القول فدمرناها تدميرًا” (الإسراء، 16)
Cuando se entrega una traducción literal sin indicar esta información adicional entre paréntesis o en una nota al pie, el versículo puede dar la impresión errónea de que Dios ordena al lujurioso que sea pervertido, lo que es engañoso.

Bewley: 
Cuando deseamos destruir una ciudad,
Enviamos una orden a los prósperos de ella
Y se desvían en ella
Y el mundo es llevado justamente en su contra y los aniquilamos
Por completo.

De modo similar, traducir la imagen del versículo 29 del surat 17 de forma literal sin notas al pie complementarias, hará el significado incomprensible para el lector.

ولا تجعل يدك مغلولة إلى عنقك ولاتبسطها كل البسط فتقعد ملومًا محسورًا” (الإسراء، 29)

Bewley: 
No mantengas tu mano encadenada a tu cuello
Ni la extiendas a toda su extensión
De modo que te sientes allí culpado y desposeído.


En cuanto a Dawood, él es el único judío conocido que ha traducido el Corán al inglés. Su nombre completo es Nessim Joseph Dawood. Originalmente era iraquí, luego se trasladó a Londres como erudito en 1956. Luego, estableció y dirigió allí una empresa editorial y de  publicidad. Aparte de la traducción de Turner que está diseñada como interpretación, la última edición revisada de la traducción de Dawood (2000) o su traducción de 1956 aparecen como las más liberales entre todas las traducciones revisadas, al no mantenerse cercana a las palabras del original. Él mismo admite evitar apegarse al texto pues cree que “apegarse a una versión rígidamente literal del idioma árabe, como hacen las traducciones anteriores… deja de expresar tanto el significado como la grandeza retórica del original” (p. xi). Por lo tanto, la mayor parte del tiempo, Dawood traduce la idea ignorando la estructura de la oración o el apego cercano a las palabras o figuras como están en árabe. Por ejemplo, la imagen mencionada anteriormente es dada por él como sigue:

Dawood: No seas mezquino ni pródigo, porque entonces puedes ganar reproche o ser reducido a la penuria.

En verdad, esto logra entregar satisfactoriamente el significado al lector, sin embargo le impide encontrar la imagen como está dada en el texto original, y como sin duda fue presentada por Dios. De otro modo, Él podía simplemente haber utilizado un lenguaje simple.

Esta edición, publicada por Penguin, incluye los textos árabe e inglés lado a lado para una comparación fácil. Incluye un índice y una tabla cronológica que lista los eventos principales en la vida del Profeta. Aquí, Dawood mantiene la secuencia tradicional de los suras que había abandonado en ediciones anteriores al optar por una secuencia cronológica. No escribe los versículos individualmente sino que agrupa varios versículos para formar un párrafo. Tampoco numera los versículos uno a uno sino por grupos a intervalos de cuatro o cinco, lo que dificulta un poco localizar un versículo en particular. No hace introducciones a los suras pero utiliza notas ligeras a pie de página que incluyen referencias cruzadas a versículos de la Biblia, lo que es una guía útil para los interesados en estudios interculturales y comparaciones.

En esta edición, Dawood corrige una mala traducción comúnmente citada en 7:31 al remplazar “Hijos de Allah” con el correcto “Hijos de Adam” (بنى آدم). Sin embargo, la traducción incorrecta de 2:191, que dice “la idolatría es peor que el derramamiento de sangre” en lugar de “la persecución es peor que el asesinato” ( والفتنة أشد من القتل), se mantiene. Además, su traducción de los nombres de los suras muchas veces es extraña e inexacta. Por ejemplo, traduce Al-Takwir aparecer u oscurecer, como El Cese; Al-Nasr, victoria, como Ayuda; Al-Sajda, postración, como Adoración;  Al-Hashr, convocar o reunir, como Exilio, y sorprendentemente Al-Rum, los romanos, como Los Griegos.

A pesar de ser judío, en su introducción Dawood no lanza la antigua polémica feroz contra el Islam. Parece abogar por una actitud objetiva hacia el Corán cuando afirma que “es el texto mismo lo que importa, y el lector debe permitirse acercarse a él con una mente libre y sin prejuicios” (p. xi). Más aún, contrario a sus críticos anteriores que pensaban que el Corán es un revoltijo inconexo y tedioso, admite que “es de lejos la mejor obra de prosa árabe clásica” (p. ix), y que “no es sólo uno de los libros más influyentes de la literatura profética, sino también una obra maestra literaria en sí misma” (p. xi). En general, este trabajo no refleja los sesgos religiosos de los misioneros anteriores, y está destinado a “presentar al lector moderno una versión entendible del Corán en idioma inglés contemporáneo.” (p. X).

La otra traducción que apareció en 2000 es El Corán Majestuoso, publicado por las fundaciones Al-Nawawi e Ibn Jaldún. Se trata de una costosa y voluminosa cuarta edición revisada de una obra que apareció en 1992 bajo el título El Sagrado Corán con Traducción al Inglés. A diferencia de todas las demás traducciones revisadas, con excepción de El Mensaje, de Musulmanes Progresistas, este es un trabajo colectivo de un comité turco compuesto por cuatro traductores —Ali Özbec, Nureddin Uzunoğlu, Mehmet Maksutoğlu y Tevfik R. Topuzoğlu— y tres editores: Abdal Hakim Murad, Mustafá Badawi y Uzmán Hutchinson. Los primeros tres traductores son especialistas en estudios islámicos, mientras que el último es profesor de idioma árabe. Mustafá Badawi originalmente era profesor egipcio de árabe, luego se asoció con el St. Anthony’s College en Oxford. El profesor Abdal Hakim Murad fue educado en la Universidad de Cambridge y en la Universidad Al-Azhar University en El Cairo. Quizás esta combinación hace que el producto final sea una obra destacada. Los traductores se esforzaron en apegarse al texto original mientras que el lenguaje utilizado es lúcido y sencillo. En gran medida, lograron un balance entre la fidelidad al original y la facilidad de lectura a través de adiciones explicativas que están marcadas dentro de corchetes.

Esta traducción se complementa con prólogos del traductor y del editor, una introducción, una clave de transliteración, introducciones a los suras, extensas notas al pie que delatan en muchos lugares la inclinación sufí, así como un índice. Además el primer sura, Al-Fatiha (La Apertura) está complementada con una transliteración a conveniencia de los lectores, ya que es parte de las oraciones diarias. El libro incluye los textos inglés y árabe lado a lado. El equipo de trabajo parece haberse orientado mucho hacia el lector. Ellos creen que uno de los defectos de las traducciones anteriores es el uso de un “estilo bíblico arcaico, que a pesar de ser elegante y melodioso, a veces es difícil para las nuevas generaciones que no han sido expuestas a literatura premoderna” (p. VIII). Por otra parte, los editores afirman que:

Planeamos mejorar cada nueva edición, en especial respecto a los comentarios, pero también respecto al perfeccionamiento del lenguaje, hasta que el inglés que hemos elegido sea verdaderamente moderno y elocuente… También tratamos de abordar todas las cuestiones que los lectores traen a nuestra atención. Es nuestro deseo que esta sea una obra interactiva, un diálogo entre nuestros lectores y nosotros. (p. VII)

La primera traducción que nos ocupa en el año 2003 es la tercera edición revisada de Hacia la Comprensión del Siempre Glorioso Corán por Muhámmad Mahmoud Ghali, un profesor egipcio de inglés en la Facultad de Idiomas y Traducción de la Universidad Al-Azhar. Fue publicada por Dar Al-Nashr lil Game’at y revisada por Ali Ali Ahmad Shaban, Ahmad Shafiq Al-Jatib y AElfwine Acelas Mischler. El libro está complementado con un prólogo, una introducción, una tabla para la trascripción de sonidos árabes, y breves notas al pie. Incluye los textos inglés y árabe lado a lado. Los versículos están numerados individualmente.

La traducción de Ghali es única en varios aspectos. Él define su metodología como “la diferenciación entre sinónimos” que “no ha sido observada estrictamente antes” aunque “puede revelar muchas áreas donde los matices de significación deben mantenerse separados” (p. xi). Además, la traducción se diferencia de todas las demás traducciones en ser extremadamente orientado al idioma original. A diferencia de otros traductores que están preocupados principalmente de presentar una traducción a los lectores contemporáneos utilizando un lenguaje  moderno, en su prólogo Ghali hace hincapié en el “apego estricto al texto árabe, y en evitar las explicaciones irrelevantes” (p. xii). Al igual que la traducción de Bewley, algunas palabras árabes como Tawrah (Tora), Inyil (evangelio), Zakat (limosna), Nasara (cristianos) etc., son utilizados de forma transliterada dentro del texto; sin embargo, están explicadas en notas al pie en lugar de en un glosario. Ghali también se adhiere a la pronunciación árabe de los nombres propios, por ejemplo Ibrahim por Abraham, Musa por Moisés… etc., y los explica en notas al pie. Utiliza símbolos especiales transcritos para representar ciertos sonidos árabes. Incluso las páginas en la traducción de Ghali van de derecha a izquierda como en los libros árabes.

Debe reconocérsele a Ghali su honestidad admirable en la fidelidad al texto original. La mayor parte del tiempo, aunque a veces innecesariamente, sigue el orden de las palabras del original, que a veces es una estructura marcada destinada a un propósito determinado, manteniendo así su efecto. Nótese la diferencia entre su traducción y la de otros en el siguiente versículo:

لتنذر قومًا ما أنذر أباؤهم فهم غافلون” (يس، 6)
Ghali: Que adviertas a un pueblo; en forma alguna fueron advertidos sus padres, por lo que no prestaron atención.
Abdal Haleem: …advertir a un pueblo cuyos padres no fueron advertidos, por lo que no eran conscientes
Bewleys: para que adviertas a un pueblo cuyos padres no fueron advertidos
Cleary: de modo que puedas prevenir a un pueblo cuyos ancestros no fueron advertidos y por ello fueron negligentes.
Dawud: para que puedas advertir a una nación que, debido a que sus padres no fueron advertidos antes que ellos, viven sus vidas en la negligencia.
Corán Majestuoso: Que es posible que adviertas a un pueblo cuyos padres no fueron advertidos, por lo que no son conscientes.

El mismo criterio se sigue en mantener las imágenes y las estructuras paralelas repetitivas que son estilos únicos del Corán. Sin embargo, la adhesión estricta al idioma árabe en otros lugares hace que el estilo sea innecesariamente falto de naturalidad —un aspecto que puede ralentizar la comprensión por parte de los lectores.

La otra traducción de 2003 es El Mensaje: Traducción Literal de la Última Escritura Revelada, publicada por iUniverse, Inc. También está disponible online en el sitio www.ProgressiveMuslims.Org. Como lo indica su título, es una traducción literal del Corán. Sin embargo, es más flexible que la traducción de Ghali en lo que se refiere al orden de las palabras y el apego al idioma y la estructura árabes. Se entiende como un intento de “volver a introducir a las personas a las palabras de Dios con autenticidad y objetividad” (p. 4).

Al igual que la traducción del comité turco, El Corán Majestuoso, es una obra colectiva de un grupo de estudiantes árabes y no-árabes de la Escritura. Similar a la forma de traducción de los Bewley, está basada en el conteo de versículos de Warsh. En cuanto a las lecturas, los traductores comparan todas las variaciones en lecturas aceptables y “siguen el ‘mejor’ significado a la luz del espíritu general de la Escritura y de nuestro conocimiento respecto a la esencia de Dios que es la bondad” (p. 5). Los Musulmanes Progresistas creen que la basmalah inicial era parte del texto revelado en manuscritos antiguos, por lo que al igual que Turner, la cuentan como un versículo individual.

Los Musulmanes Progresistas no utilizan los nombres de los suras pues creen que dichos nombres fueron hechos por el hombre. Por lo tanto, los quitan para “mantener la autenticidad del texto revelado” (p. 4). Además, según uno de los traductores, la traducción está hecha para “todas las personas angloparlantes… Es un desafío para la jerarquía establecida de la religión que fue hecha por el hombre y pide a la gente que descubra su propio vínculo personal con Dios sin la necesidad de cualquier erudito, sabio o intérprete” (comunicación personal, Octubre 3, 2005).

Por lo tanto, los traductores no dependen de ninguna exégesis autorizada. Más bien se basan en los significados de diccionario o en los sentidos superficiales de las palabras. Esto a veces produce una traducción extraña, por ejemplo “el monte de las edades” paraطور سينين  ((95: 2, o una que difiere de otras traducciones. Por ejemplo, en el siguiente versículo, traducen la palabra “ينسخ ” como “duplicado” en lugar de “derogado” que es lo afirmado por los exégetas:

ما ننسخ من آية أو ننسها نأتى بخير منها أم مثلها” (البقرة، 106)
Musulmanes Progresivos: No duplicamos una señal ni hacemos que sea olvidada, a menos que traigamos una que sea similar o incluso mejor.

Además, tienen cierta filosofía respecto a las letras con las que inician 29 suras del Corán, y las utilizan para identificar los versículos muhkamat (claros) y mutashabehat (abiertos a interpretación) mencionados en el Corán en 3:7. Esta filosofía afecta su interpretación y por consiguiente, su traducción de algunos versículos (cf. 55:2, 5:38). De este modo, los lectores que están interesados en esta traducción deben tener en cuenta que ella se aparta de la corriente principal de entendimiento de los versículos en algunos lugares.

En cuanto a la traducción de Thomas Cleary, fue publicada en 2004 por Starlatch Press. En 1993, Cleary produjo la traducción de sólo algunos versículos seleccionados que consideraba eran la esencia del Corán. Mientras la versión de 1993 incluía una introducción esclarecedora así como notas finales extensas que él afirmó “deben ser vistas como parte intrínseca de la traducción en sí misma” (p. XIII), la traducción de 2004 no incluye nada más aparte del texto. Las páginas están divididas en dos columnas, y el diseño le da un toque poético. Los versículos están numerados individualmente.

Todo lo que se sabe respecto a este traductor es que obtuvo un doctorado en Lenguas y Civilizaciones del Asia Oriental en la Universidad de Harvard University, y que es un traductor prolífico que ha producido una gran cantidad de obras relacionadas con tradiciones religiosas como el Taoísmo, el Budismo, el Confucianismo y el Islam. Se desconoce qué religión profesa Cleary, sin embargo, parece no ser musulmán pues declaró en su traducción de 1993 que “la mayor ventaja que podemos obtener de la lectura del Corán es la oportunidad de examinar nuestra propia subjetividad en el entendimiento de un texto de esta naturaleza” [énfasis mío] (p. X). Sin embargo, sus palabras en dicha introducción traicionan un enamoramiento sin par con el Corán y una actitud muy positiva hacia el Islam. Cleary (1993) arguye que “[la] observatción de que el Corán distingue las diferencias entre los partidarios de cada denominación religiosa, en lugar de entre los miembros de una misma denominación, parece ser una clave para acercarse al Corán sin perjuicios religiosos” (p. X). Además, reconoce las “cualidades literarias únicas e inimitables del Corán” (p. XIII). Él tenía la intención de presentar a los lectores no musulmanes la “sabiduría, belleza y majestuosidad esenciales de este libro sagrado” (p. VII).

Cleary parece haber sido influido poderosamente por Al-Ghazali, y las citas que incluye en su edición de 1993 muestran que tiene tendencia Sufi. En la edición de 2004, los discursos directos de Dios están escritos en un tipo de letra distinto. Las referencias pronominales a Dios son remplazadas con el nombre “Dios” ya que “no hay pronombre de tercera persona que sea perfectamente adecuado para hacer referencia al Dios trascendental más allá de las concepciones humanas” (p. XV).

El lenguaje de Cleary es claro en general, y él es honesto en mantenerse cercano a la expresión del texto árabe. Sin embargo, este enfoque sin notas al pie hace que el significado intencional sea ambiguo para los lectores en algunos lugares. El lector puede encontrar algunos errores en esta traducción, como por ejemplo en 18:29 y 18:30. Entre sus interpretaciones extrañas está la utilización de “burladores” por “infieles” (الكافرون) y “El Maestro de los Dos Siglos” para “Dhu’l Qarnain” ذو القرنين) 18:83). Sin embargo, debe acreditársele el traducir el título del surat An-Naml, capítulo 27, como Las Hormigas mientras otros traductores injustificadamente lo traducen como La Hormiga.

La última traducción a revisar aquí es la edición revisada de El Corán de M.A.S. Abdel Halim, publicada en mayo de 2005 por Oxford University Press. Abdel Halim es un egipcio que obtuvo un B.A. en estudios arábigos e islámicos en la Universidad de El Cairo y un doctorado en la Universidad de Cambridge en el Reino Unido. Enseñó árabe y estudios islámicos primero en Cambridge y luego en el Centro de Estudios Islámicos (SOAS) de la Universidad de Londres. Desde 1995, ha trabajado como profesor de estudios islámicos en la Universidad de Londres, Director del SOAS, y Editor en Jefe de la Revista de Estudios Coránicos. La traducción de Abdel Halim está dirigida a musulmanes y no musulmanes por igual, y está destinada a superar las traducciones previas en cuanto a calidad, precisión y modernidad del lenguaje, a fin de “hacer accesible al Corán a todos los que hablan lengua inglesa” (p. xxix).

La traducción está complementada con una cronología del Corán, una bibliografía seleccionada, y un índice, así como una útil introducción en la que discute, entre otras cosas, algunas características estilísticas importantes del Corán, asuntos de interpretación, y el tema de la descontextualización y la mala interpretación de versículos coránicos. Las introducciones a los suras se utilizar además de breves notas al pie que están diseñadas para “explicar alusiones, referencias, … contexto cultural, … razones para apartarse de traducciones aceptadas [;] dan alternativas o hacen referencias cruzadas” (XXXV).

El traductor hace uso de algunos diccionarios árabes clásicos y depende de algunos comentarios, entre los cuales el más importante es el de Razi. Sin embargo, no parece estar influido por el movimiento de Razi de exégesis cientificista del Corán. Abdel Halim se toma algunas libertades respecto a las palabras y estructura exactas del texto árabe. Él declara evitar “el innecesario apego estricto a las estructuras y modismos árabes, que en muchas ocasiones suenan faltos de naturalidad en el inglés. Las traducciones literales del árabe a menudo resultan en un inglés falto de sentido” (xxxi). Hasta cierto punto, él trata de presentar la idea sin apegarse a la redacción exacta en árabe. Adicionalmente, abandona la presentación común de numerar los versículos individualmente. Su traducción, en lugar de ello, presenta párrafos formados con versículos numerados con superíndices. A veces rompe una oración larga en unidades más pequeñas y no se ciñe de forma innecesaria a los límites del versículo. Como él mismo afirma, “a veces inicio un nuevo párrafo en la mitad de un versículo, a fin de resolver algunas dificultades estilísticas” (p. XXXV).

Después de esta amplia revisión de las principales tendencias en las traducciones del Corán desde el inicio de sus publicaciones en el siglo XVI hasta la traducción más reciente en el siglo XXI, podemos resumir y concluir con unos pocos puntos.

La discusión anterior destaca el hecho de que la perspectiva viciada y la imagen negativa del Islam y de los musulmanes con las que los occidentales están actualmente abrumados, se remontan a los efectos de las primeras versiones de los significados del sagrado Corán traducidos a diversos idiomas por misioneros hace siglos. Sin embargo, esto no niega que algunas traducciones sectarias hechas por musulmanes también han contribuido a difundir algunos conceptos errados sobre el Islam. A pesar de esta situación sombría, un rayo de esperanza todavía se puede aspirar gracias a las mejoras en algunas traducciones que han aparecido en la última década del siglo XX y en el comienzo del nuevo milenio. Se puede argumentar que las traducciones estudiadas en este artículo están libres, en grado satisfactorio, de ataques calumniosos y prejuicios sectarios desviados encontrados en traducciones hechas anteriormente por no-musulmanes y musulmanes respectivamente. Uno espera incluso que la fascinación con el Corán y la actitud favorable por el Islam, expresada por Cleary en su introducción de 1993, pueda hallar su camino hacia los medios masivos occidentales como respuesta a las calumnias lanzadas contra el Islam.

Ahora, vamos a intentar una respuesta a la pregunta planteada anteriormente acerca de qué constituye una traducción satisfactoria. El primer requisito es la imparcialidad. Presentar una traducción completamente objetiva parece casi imposible. Sin embargo, algunos criterios pueden utilizarse para que los traductores limiten el desarrollo de la subjetividad en traducciones futuras. Segundo, en una era en la que la creciente hostilidad hacia el Islam ha alcanzado un nivel sin precedentes, una traducción satisfactoria es aquella que hace posible que el “otro” comprenda el verdadero espíritu y las instrucciones del Islam, por una parte, y que no degrade la belleza y el significado potencial del Corán a través de prescindir de las complejidades y ambigüedades del texto para mayor conveniencia del lector, por otra. Cómo puede lograrse esto, sin embargo, merece otro estudio completo.

Además, las secciones en los prólogos de las traducciones futuras deben dedicarse a aclaras los temas controversiales y las ideas erróneas que siempre se tienen en contra del Islam, por ejemplo, explicando el contexto original de la llamada a la yihad, la guerra santa, y el estatus de la mujer en el Islam… etc. —un tema que toca Abdel Halim en su introducción.

Además, la idea errónea de que el Profeta Muhámmad fue el autor del Corán debe ser disipada a través de subrayar los aspectos milagrosos del Corán que llevan a la conclusión de que no puede ser otra cosa que una revelación divina —iniciativa en la que, irónicamente, se embarcó un no-musulmán, el Dr. Maurice Bucaille.

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