lunes, 10 de noviembre de 2014

De Playboy al Islam III


De Playboy al Islam (III)

La exitosa supermodelo que se atrevió a darle un giro total a su vida


“La forma como te tratas a tí misma establece el estándar para los demás.”
Raisyyah Rania Yeap.


Por: Said Abdunur Pedraza


En el primer artículo de esta serie, vimos en resumen la historia de una supermodelo que decidió dejar de posar semidesnuda y comenzar a cubrirse con modestia. En el artículo anterior, conocimos la lucha y el duro camino que necesitó Felixia para convertirse en supermodelo, lograr el éxito y cumplir sus sueños de la infancia. Ahora veremos la otra cara de esa misma moneda.

Tercera parte: El hastío de la poetisa

Felixia Yeap, malaya de ascendencia china, supermodelo y Conejita de Playboy, estaba en la cúspide de su carrera. Sus logros se sucedían uno al otro dejándole experiencia, dinero, nuevas propuestas laborales, una hoja de vida impresionante, y por supuesto, hambre de más. Había caído en la trampa de perseguir el arcoíris. Ocho años atrás estaba a un paso de convertirse en modelo profesional. Seis años atrás estaba a un paso de ser reina de belleza. Cuatro años atrás estaba a un paso de ser la bomba sexual más grande de Malasia. Ahora era reconocida en varios países, y luego… A un paso, siempre a un paso. Pero el vacío crecía en su interior, como puede leerse en algunos poemas que publicó en su blog. En febrero de 2013, en uno de los mejores momentos de su carrera, Felixia escribió:

“Amargura es, de hecho, todo lo que siento. […]

¿Qué ha pasado con mi ingenuidad, mi inocencia?
¿Han sido arruinadas por las tonterías de los hombres?

Mi fe en el amor se ha perdido, me temo.
Físicamente viva, emocionalmente muerta…”

El Islam es la religión oficial en Malasia, país que es reconocido entre los musulmanes por ser uno de los mejores ejemplos como comunidad practicante de esta religión. Felixia creció con amigas y compañeras musulmanas, y siempre tuvo interés en sus costumbres y forma de vestir. Pero no tenía religión. Al iniciar su carrera, se aferró simplemente a los consejos maternos, como afirmó en una entrevista:

“En ese momento no era fiel a ninguna religión. Me limitaba a seguir los consejos que me daba mi madre, que consistían en que no me dejara engañar y me abstuviera de consumir alcohol, tabaco y drogas.”

Pero su carrera y los consejos de mamá no fueron suficientes para alimentar su espíritu y desarrollar su moral. Así que buscó ayuda en la religión. En su blog escribió también:

“Asistí a la Iglesia Católica durante dos años. He tratado de comprender el Cristianismo. También intenté adoptar prácticas budistas. Pero mi corazón nunca se sintió cerca de Dios. Mi corazón nunca se sintió tocado.”

Fue entonces cuando se le presentó una oportunidad inusual: la llamaron para la campaña publicitaria de una firma de vestimenta islámica. Era un cambio fuerte en la carrera de una supermodelo, máxime que nunca había pensado en hacerse musulmana. Aceptar ese trabajo era un riesgo enorme, pues podía abrirle otros horizontes laborales, pero también podía lesionar gravemente su imagen como modelo. No era una decisión fácil.

Pero una vez más, Felixia derrotó la resistencia al cambio y apareció luciendo el jiyab o velo islámico, cubierta de pies a cabeza. Sin embargo, la resistencia al cambio presente en los demás se manifestó en coloridos insultos, amalgama de amenazas y maratón de preguntas… Acostumbrados a verla semidesnuda, muchos fans abandonaron su página de Facebook, en rechazo a su cambio de imagen. Como las llamas siguiendo un rastro de pólvora, las voces de protesta se propagaron entre la comunidad islámica, así como entre los medios no musulmanes y el mundo de la moda en Asia: Que la modelo más sensual de Malasia se había convertido al Islam, traicionando a sus fans. Que estaba buscando casarse con un millonario. Que no se había convertido y solo se estaba mofando del jiyab, irrespetando a los musulmanes y a su tradición. Que una “Conejita Playboy” vestida de yilbaba y jiyab era un insulto a la comunidad islámica y una burla a sus valores. Que lo único que buscaba era algo de fama, o que había encontrado novio musulmán que la había obligado a convertirse; y en fin, muchos otros absurdos.

Cansada de tanto sinsentido, publicó en su blog, en diciembre 8 de 2013, un artículo titulado “La verdad detrás de mi jiyab,” donde afirmó que no se había convertido al Islam, que seguía trabajando como modelo y que simplemente quería mejorar su vida. En sus propias palabras:

“Sí, fui una Conejita Playboy […], posé para Playboy Filipinas (pero no desnuda) […], modelo para exhibiciones de carros […], aparecí en portadas de la revista FHM en ediciones locales y extranjeras […], posé en ropa interior, bikini y trajes que no están destinados precisamente a proteger mi modestia. […] He sido categorizada como una de las modelos más ‘sensuales y sexis’ en Malasia… Pero en realidad, todos estos logros me han hecho pensar acerca del valor de la mujer.

Creo que valgo más que simplemente mostrar mi cuerpo. Soy MÁS que esto. Y no me siento orgullosa si alguna aspirante a modelo, buscando atención y fama, me ve como un ídolo o modelo a seguir.

No quiero que me eches la culpa cuando tu carrera se esté acabando y te sientas vacía, usada, perdida y hueca después de todas esas exhibiciones y explotaciones.

Hablando con honestidad, estoy gestionando muy bien mi carrera como modelo, y además tengo un portafolio que incluye exposiciones y reconocimientos internacionales. Pero estoy bajando la marcha, lentamente.

Anhelo más en la vida que esto. SÉ que hay más en la vida que esto. Y, honestamente, nunca estuve buscando fama, dramas, casarme con un tipo rico y hacer alarde de mi riqueza… NO.

Simplemente, me apasiona posar frente a las cámaras.

Sí, lo admito, me encantan los bolsos, los autos y las joyas, pero no pido mucho y me conformo con mi bolso Chanel comprado de segunda y el auto usado que he logrado comprar con mis ahorros.

Y debido a mi carrera, los hombres me usaron y jugaron conmigo, pues solo buscaban diversión y no una mujer con la cual casarse. Me derrumbé por momentos y tuve que recogerme a mí misma y levantarme de nuevo.

¿Por qué?  Porque nunca voy buscando diversión cuando me enamoro de alguien. […]

Debido a la forma como siempre soy retratada por cuestiones estrictamente laborales, la gente asume que soy una persona fiestera que bebe, fuma y tiene sexo casual.

Cosa que NO SOY, definitivamente.

Siempre he creído en el final feliz y en el amor verdadero que será mi héroe ‘hasta que la muerte nos separe’, un protector, un guía, un gran padre para mi futuro hijo, un esposo para un matrimonio cariñoso y hermoso. […]

Era ingenua, y desafortunadamente, lo sigo siendo.

Entonces, comencé a buscar algo más profundo… Una religión, Dios, una mejor forma de vivir la vida.

Quería cubrirme más, ser respetada y reconocida por lo que soy en mi interior, no por cuánta piel muestro en público.

Me enamoré de la vestimenta islámica malaya tradicional porque son ropas muy cómodas de vestir. La primera vez que utilicé un jiyab en mi vida fue para un canal local de televisión; entonces me miré a mí misma y me sentí liberada… me sentí muy feliz y protegida, me sentí segura.

Estuve a punto de llorar cuando me miré al espejo con ese pequeño jiyab muy azul… Me sentí especial y valiosa.”

Así fue como la primera Conejita Playboy de Malasia, se convirtió en la primera mujer malaya no musulmana que decidió dejar de modelar semidesnuda para cubrirse por completo al estilo islámico.

Luego de su experiencia vistiendo jiyab, Felixia estuvo modelando para un show de modas de una boutique islámica, durante la celebración del Id ul Fíter (la festividad del desayuno, al terminar el ayuno de Ramadán), y se sintió muy feliz de estar cubierta de pies a cabeza. Se dio cuenta de que eso era lo que deseaba.

Por ello, decidió conocer más sobre el Islam y así descubrió su belleza, su sencillez y su efectividad como guía de vida. Esto hizo que algunos enemigos del Islam la insultaran y la acusaran de apoyar una “religión de terroristas” y de querer convertirse en terrorista ella también. La llamaron “estúpida” por estudiar una religión que, según ellos, “denigra a la mujer y la trata como mero objeto”, lo cual resulta irónico, porque ella estaba escapando, precisamente, de un modo de vida que la veía como mero objeto. Al respecto, escribió:

“Como a cualquier ser humano, me gustan las cosas bellas de la vida. Y si una religión puede mostrarme la belleza de la vida y de vivir, ¿por qué no he de intentar entenderla? ¿Por qué detestarla solo porque unos pocos racistas confundidos y extremistas tratan de retorcer las cosas? ¿Acaso ellos están en la religión, para empezar? ¿Tienen acaso la autoridad y el derecho para juzgar a los demás? Pues no, a menos que sean dioses, cosa que no creo, basada en la forma en que maldicen, insultan y se comportan. En realidad, ellos hacen más bella y pacífica la religión que estoy tratando de aprender. Y me da tristeza por lo que sus religiones les han enseñado.
Por otro lado, estoy feliz de ser capaz de enseñar e inspirar a la gente, hacer que se autoanalicen y recuerden sus propias religiones… Al menos, en el camino de aprender algo bueno y ser una mejor persona, también he hecho algo realmente bueno para la sociedad. […]
Muy atrás han quedado los días en que estaba teñida de rubia, siempre con aspecto sexy y salvaje, tratando de ser parte del mundo del modelaje. Esa nunca fue la persona que soy. Esa solo era yo corriendo perdida y buscando estar con la gente equivocada.”

Sin embargo, hasta este punto Felixia solo era otra de muchas personas que descubren que el Islam es una hermosa forma de vida que dignifica al ser humano y le da pautas para construir su ser, su vida y su sociedad de la mejor forma, pero que a pesar de ello, no se deciden a hacerse musulmanas.


En el próximo artículo de esta serie, veremos el desenlace de esta historia, y un mensaje final en palabras de su protagonista.




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